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Entrevista a Catherine Zeta-Jones

¿Quién no la conoce? Su boda con Michael Douglas, sus películas… Por otro lado, ¿quién la conoce realmente? Repaso de un viaje interior y exterior desde su Gales natal hasta el éxito.

Estamos tan acostumbrados a verla en el cine y en las revistas cuando viene con Michael Douglas y sus hijos a Mallorca que, cuenta, hay mucha gente que le habla en castellano. Quizá por eso acudo a nuestra cita, en los Quixote Studios de Los Ángeles, con una falsa sensación de reencuentro.

La ocasión:

El estreno de Sin reservas, una cinta que tiene los ingredientes perfectos para el éxito: amor, humor, la dosis justa de drama, un tema de moda, los chefs-estrella y un compañero de reparto tan atractivo como el actor Aaron Eckhart.

Catherine en persona resulta incluso más guapa que en la pantalla, pero en seguida destacan en ella rasgos más interesantes: su sentido del humor y una inteligencia rápida, que, sin duda, le han ayudado a dar un final feliz a sus duros años de anonimato. La limitación de tiempo de la entrevista, por otro lado muy distendida, obligó a completar con otra algunos aspectos de su biografía. De la fusión de ambas surge esta conversación.

¿Qué tal ha sido la experiencia del rodaje?  

Catherine: Fantástica. Como no soy buena cocinera, antes leí muchos libros de recetas, y bajo la supervisión de Michael [su marido] estuve practicando cómo se agita una sartén en el aire. Era complicado, porque él me ponía arroz y se desperdiga por todas partes [risas]. Pero tenía que hacerlo una y otra vez para lograr credibilidad. En mi casa no había mucha tradición culinaria, mi madre solía recalentar la comida; tenía tres hijos y ninguna ayuda, y todo lo tenía que hacer deprisa, así que nos acostumbramos a comer así. Era: “Come deprisa o se lo doy al perro”. En el rodaje todo fue increíble. Al principio, te cuesta meterte entre cacerolas, pero luego todo discurrió sobre ruedas, y para mí fue un logro levantarme al alba, estar en la cocina… Resultó divertidísimo. También me ha encantado trabajar con Aaron, posee un gran magnetismo ante la cámara.

¿Hubo química entre los dos?

Totalmente. Puede parecer egoísta, pero me gusta trabajar con actores con los que me siento bien y Aaron es uno de ellos. Hacer de pareja en una película no es fácil. Yo quena que mi compañero de reparto fuese un hombre, un actor sólido, no uno de esos que parecen tu hermano. Los productores también querían ver si hacíamos un buen tándem, y en cuanto le vi fue una especie de “clic”, sabía que iba a funcionar, es cuestión de química. Puedes ensayar con alguien durante meses y no tenerla.

Parece que para ti eso es sencillo. Con Antonio Banderas también sucedió. ¿Hay algún secreto para eso? La verdad es que no, con Antonio en su día fue facilísimo, yo ya había hecho una prueba con otro actor, pero en el momento que entró y rodamos una escena, surgió la química. No sé de dónde procede ni cómo surge, pero existe.

¿Te resulta más gratificante trabajar con hombres?  

Me gusta trabajar con hombres, aunque con las mujeres me siento muy bien, podemos llegar a ser muy compinches. Pero me alegro de ser la mediana entre dos hermanos, para saber manejar las situaciones en un entorno masculino.

¿Qué es lo que te llevó, siendo adolescente, a abandonar Gales y establecerte en Londres para intentar ser actriz?

Quizá la sensación de que cuando estaba en un escenario sentía una sensación muy especial. La verdad es que me siento afortunada, porque Swansea, la ciudad donde naci, es muy pequeña, pero Anthony Hopkins nació a 20 minutos del lugar donde me crié, y Richard Burton, y Stanley Baker. De modo que el lugar es una especie de “zona de artistas”. Y el escritor Dylan Thomas también era de Swansea. Algunos tutores que tuve en el colegio me aconsejaron que me dedicase a la interpretación, creo que actuar no se me daba mal.

Viniendo de un sitio tan pequeño, mi horizonte máximo era irme a Londres, y allí me fui con 15 años a perseguir un sueño.

Tu padre, empleado de una fábrica de caramelos y tu madre, modista, ¿te apoyaron?

Sí, mis padres fueron mi verdadero motor. Por otro lado, había algún antecedente familiar, porque S una de mis tías, que ahora tiene 80 0 años, de joven quiso ser corista, 1 aunque no se lo permitieron. En o aquel tiempo, irse a Londres de cois rista era como ser una perdida.
Pero cuando de pequeña yo cantaba y bailaba todos me decían: “¡Eres igual que tu tía!”. Ella fue un modelo para mí.

¿Un modelo porque no quisiste cometer sus mismos errores?

Un modelo sobre todo porque no quería que nadie me dijese lo que no podía hacer.

¿Y cómo fue esa primera etapa de tu vida adulta sola en Londres?

Al principio de mi carrera, apenas tenia tiempo para mi vida privada. En Londres vivía en una habitación alquilada en la casa de una madre soltera. Una mañana me preguntó si podía quedarme cuidando del bebé, y yo le dije: ¿¡cómo!? No sabía qué hacer con él, jamás había cambiado unos pañales… [risas]. En aquella época, mi vida consistía en asistir a mis clases de baile, ir al teatro, presentarme a castings… Así pasé varios años.

Tú has contado que hubo una época en la que solo recibías negativas cuando aspirabas a algún papel…

Es cierto. Alguna vez he pensado que me gustaría recuperar esas cintas con las pruebas de casting, que fueron muchas, y en las que nunca me cogían, y recopilarlas en una. Algunas son con actores muy famosos que no voy a nombrar. Me encantaría contar con su autorización para mostrar a esa chica, una especie de loca de los escenarios que nunca conseguía un papel, y revisar los motivos por los que tendría que haberlos conseguido.

¿Qué aprendiste de esos años?

Todos esos años de lucha me han ayudado a apreciar más lo que tengo ahora. Sacrificar cosas por una pasión, la de actuar, te da una responsabilidad aún mayor.

También te da profesionalidad. Además, aprendes mucho observando. Recuerdo que cuando veía a algunos actores o actrices, pensaba: “Si alguna vez llego, quisiera ser como tú”. Pero con otros, pensaba: “Si alguna vez llego, jamás querría ser como tú” [risas]. Aunque yo siempre rescato lo positivo. Con Sean Connery, por ejemplo, congeniaba incluso si estornudaba. Trabajar con gente así, además de divertido, es una magnífica lección. Y me sigue pasando, ahora hay actores admirables que siguen maravillándome. Y siempre espero que sean simpáticos, para que no se esfume la emoción que me causaban de pequeña. Los grandes actores suelen ser grandes personas.

He leído que te gusta escribir, ¿es cierto?

Escribo ideas que se me ocurren, pero luego temo no poder conectarlas entre sí. Me encantaría escribir un guión de cine o una obra de teatro, y lo he intentado muchas veces, pero, hasta ahora, no he conseguido dar a mis ideas un hilo conductor.

Estás orgullosa de tus raíces. Tu hijo se llama Dylan, por el escritor Dylan Thomas, galés como ya has mencionado, y tu productora, “Milkwood”, por su obra más famosa, ¿no?

Sí, y pertenezco a una organización cultural para jóvenes escritores, la Dylan Thomas Trust. Actué en obras juveniles e hice danza contemporánea allí, y tengo una foto al lado de su estatua. Sí, soy una gran fan suya. Era un hombre marcado por su afición al alcohol, pero su obra es sensacional.

Se te considera una de las actrices más sexys y bellas. ¿Qué piensas de ello?

Pues no sé. Ahí fuera hay como seis personas que llevan trabajando en mi imagen los dos últimos días. Todos necesitamos un poco de ayuda, eres mujer y lo sabes. Quizá si me hubieses visto esta mañana a las 6 no me hubieses hecho esta pregunta. A todos nos gusta vermos bien, pero a veces eso te coloca en un pedestal, y yo no soy modelo, soy actriz, de modo que si me quieren ver así, está bien, pero por favor que luego no me bajen del pedestal al que me subieron.

He leído que eres supersticiosa, ¿es cierto?

Si… Nunca canto ni silbo en mi vestidor, y si lo hago sin darme cuenta, doy media vuelta. Tampoco paso la sal a otra persona con la mano, sino que la dejo sobre la mesa… La verdad es que me llevaría días enteros enumerarlas todas. No sé ni cómo me subí a un escenario con todas las cosas que tenia que hacer previamente.

Tus hijos proceden de una familia de famosos. ¿Cómo consigues que no sufran esta presión?

Lo de vivir en Bermudas es fantástico, ha sido una gran idea. Allí los compañeros del colegio no hablan de quién es su padre, su abuelo o su madre; no puedo ni imaginar sacarlos de allí para estudiar en la costa este o en la costa oeste. La vida es sencilla. Ellos han visto a su abuelo en 20.000 leguas de viaje submarino, y les encanta, y a mí en El Zorro y en Simbad, la película de dibujos animados. Sin embargo, no han visto ninguna de su padre, porque no son nada apropiadas para su edad
[risas], Y mientras pueda mantenerlos así, tengo la sensación de que cumplo con mi deber. Ellos han conocido mundo y son conscientes de sus privilegios, pero no los utilizan a su favor.

¿Cómo pones el límite entre lo que debes decir y te debes guardar?

Es algo que tienes que sopesar a cada momento, porque la gente no solo quiere saber sobre un tema determinado, sino también sobre tu vida privada.

Pero hay cosas que solo te pertenecen a ti. Recuerdo que cuando hicimos la rueda de prensa por el estreno de Traffic, yo había estudiado el tema de la lucha contra la droga pensando que me iban a llover un montón de preguntas sobre esta cuestión. Pero Michael y yo acabábamos de casarnos y tenía a mi hijo pequeño, así que todo lo que me preguntaron fue cómo había sido la boda y cómo estaba el niño, aunque un periodista me hizo una pregunta muy personal sobre el parto, y yo, aun con el baile de hormonas, estuve a punto de responderle, pero reaccioné a tiempo y no lo hice. A veces hay que trazar una línea. Por un lado quieres dar de ti lo más posible, forma parte de nuestra profesión, pero, por otro, también existe un limite.

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