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A punto de decir…

No deja de ser curioso que haya encuentros tan fortuitos, tan casuales, tan inesperados que producen una cierta sensación de irrealidad. Son, a veces, sen cillas coincidencias que se parecen demasiado al simple paso de alguien a nuestro lado, deambulando por la calle, a quien quizá nunca jamás volveremos a ver, en el supuesto de que pueda decirse que le hemos visto. Pasa y se va. Si ya este solo hecho es enigmático, la cosa se agudiza cuando cruzamos unas palabras, tal vez insustanciales, pero que permiten algún ajetreo de las sensaciones y de los afectos, algún movimiento, siquiera mínimo, del alma.