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Razones y temores de vivir solas

Oscilando entre el placer de ser libres y el desaliento, las mujeres solas encuentran múltiples razones para no vivir en pareja. Sin embargo, los especialistas sostienen que detrás de esta actitud se esconden ciertos temores.

No es fácil ser una mujer independiente en la sociedad actual. Por un lado, unos te admiran (“Qué envidia me das: entras y sales cuando quieres, no tienes obligaciones, eres dueña de tu propio espacio, no tienes que rendirle cuentas a nadie”) y las revistas femeninas te ven como estandarte de la modernidad y prototipo de mujer aventurera.

Por otro, te acribillan con métodos para encontrar a tu alma gemela: viajes para singles, encuentros en Internet, o el famoso dating, en el que en siete minutos tienes que decidir si el chico que tienes en frente puede ser el hombre de tu vida. “Y también los hay que te miran con recelo.

El que tengas 39 años, como es mi caso, y no tengas novio fijo, ni estés separada, ni aún tengas hijos, les da mala espina. Parece que
se preguntan: ‘¿Pero tan difícil es su carácter?’, ‘Será una maniática’… Creo que eso dificulta aún más el encontrar una pareja estable”, comenta risueña Helena, una de las más de 1,3 millones de mujeres que viven solas en nuestro país en la actualidad.

Gran ambivalencia

“Hoy en día, ser una mujer soltera es una opción en muchos casos, y no una maldición, como podía serlo antiguamente.

Las mujeres que han decidido no formar pareja, o dejar la que tenían, gozan de libertad, y para muchas de ellas, lejos de ser algo duro, es una auténtica liberación. Han tomado las riendas de su vida, quizá hayan elegido el camino menos fácil, pero si la compensación no fuese grande, no habría tantas en esta situación”, señala relaciones. Mila Cahue, psicóloga clínica del gabinete Alava Consultores.

Sin embargo, para estas mujeres solas, la realidad no es tan sencilla. Todas reconocen moverse en una gran ambivalencia: adoran su vida, su trabajo, a sus amigos, pero pueden pasarse fines de semana enteros encerradas en su casa diciéndose a sí mismas que nadie las quiere. Además, la presión social y familiar es grande.

Según datos facilitados por Ángeles Rubio, doctora en Sociología y autora de Remedios para el mal de amores, el 40 por ciento de las mujeres y hombres independientes reconocen sentir esta presión debido a su falta de pareja. “Este hecho provoca que el 25 por ciento manifieste no sentirse a gusto en reuniones familiares, lo que debilita los vínculos de apoyo de las personas que más lo necesitan”, señala Rubio.

Es lo que le sucede a Teresa, soltera de 43 años: “Es inevitable, pero siempre que hay reunión familiar tengo que escuchar lo mismo: ‘Bueno, y tú, ¿cuándo te casas?’ Temo esa pregunta más que cualquier cosa en el mundo, quizá porque me remite a mis más profundos temores: miedo a equivocarme, a dar un paso en falso, a verme encerrada en una espiral de la que no podré salir fácilmente.

Este temor al compromiso viene de lejos, de un novio que tuve y al que me costó dejar siete años. Fue tal infierno que, desde entonces, procuro no involucrarme demasiado en ninguna historia sentimental”.

Miedo al cambio

Algunas mujeres no entienden por qué han fracasado, por qué no han conseguido formar una familia como el resto de su círculo. “Seguramente idealizan la situación de sus amigas.

Pensarán que porque viven con alguien, su mundo afectivo está pleno. Sin embargo, es posible que muchas de sus amigas las saquen de su error: se sufre más ante el rechazo o la indiferencia de quien se supone comparte tu vida, que estando sola”, apunta Mila Cahue.

Y esto es, en realidad, lo que asusta a las mujeres solas: que se mueven en una gran dualidad. Por un lado, sueñan con estar en pareja; por otro, tiemblan ante la idea de perder su independencia.

Detrás del miedo de no encontrar el amor se esconde el temor a encontrarlo… y que sea decepcionante: “Sí, lo reconozco -confiesa Eloísa, de 37 años-, me asusta que no me aporte lo que quiero, que me imponga sus deseos, que no me quiera como quiero. Creo que prefiero no arriesgarme a darme un batacazo y llevarme una gran decepción, aunque el precio sea enfrentarme a la soledad”.

Como señala con acierto Angeles Rubio, “muchas veces, más que la soledad, el problema es el propio miedo: a relacionamos, al ridiculo, a no encajar. El miedo es una emoción que tiene el efecto de dejarnos paralizados y cuya función es la del aviso y la prevención; por lo tanto, la forma de gestionarlo para que no nos haga daño es pasar a la acción”.

Desterrar mitos

Muchos hablan de la fragilidad emocional de estas mujeres que aunque solas, han tenido ocasión de vivir varias historias de amor que no han funcionado. Sin embargo, Ángeles Rubio no está de acuerdo: “No son frágiles. Han tenido que hacerse más fuertes, debido a los condicionamientos sociales y al miedo a la soledad.

Por eso tienen una vida mejor, mucho más rica, en la medida en que saben rodearse de relaciones humanas de calidad y redes de apoyo sociales”. “Miro a mi alrededor, analizo los matrimonios que conozco y no hay ni uno solo que me dé envidia.

Eso ya lo he conocido: las dificultades de la convivencia, las malas caras, los malos modos… No volvería a pasar por eso ni loca… de momento. No cierro puertas, pero no me obsesiono. Es cierto que ahora vivo sola, pero creo que eso me empuja a ir más hacia los demás de lo que lo hacía antes: he descubierto pasiones que no conocía y he hecho un gran trabajo personal interno.

Lo que antes era un mundo para mí, ha dejado de serlo. No me asusta tomar decisiones y equivocarme. Ahora me siento viva”, confiesa Cecilia de 37 años. “Estar soltero no es sinónimo de estar solo. Cuando se vive la soledad como abandono, se debe a que se ha dejado en manos de otros la propia felicidad.

Cuando se aprende a estar cómodo con uno mismo en soledad, se está preparando para vivir acompañado el resto de nuestros días. Sabremos entonces establecer vínculos de afectividad, de amistad, de compañerismo que, al fin al cabo es lo que necesitamos para sobrevivir”, concluye Mila Cahue.

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